El Piano

Escrito por el 23 enero, 2016

Hace tiempo que tener maestro de piano en México es algo completamente indispensable, algo que entra en lo imprescindible de la vida.

Naturalmente ser profesor de piano es un negocio, y bueno, entre nosotros. Si el profesor es modesto, cosa muy rara, cobra de 16 a 20 pesos mensuales por su indispensable enseñanza. Si es profesor de taco cobra ocho o diez pesos por lección.
Si suponemos que una señorita normalmente estudia ocho años el piano, y que paga mensualmente 20 pesos, tendremos que en cada casa se invierten 1 920 pesos de maestro, más 1 200 de un piano por la primera hija que estudia.
Si suponemos que las niñas son tres, ya tenemos una fortuna de 5 760 pesos, más 1 200 pesos del piano, es decir, 6 960 pesos invertidos en la educación musical.
 En la República hay, poco más o menos, 40 000 muchachas que estudian piano, y como hemos supuesto que cada una gasta en el término de ocho años, con piano y todo, cuando menos 6 960 pesos, tendremos, multiplicando esa cantidad por 40 000, la enorme suma de 278 400 000 pesos, gastada en ocho años en el país.
Ahora bien, en cada temporada de ocho años, ¿cuántas artistas logramos en México?
¡Dése usted una vueltecita por esas calles de Dios y luego eche sus cálculos!
De 40 000 muchachas en pleno estudio, 39 000 son boxeadoras del piano y no pasan de ahí. Nos quedan mil; mas de estas mil, 950 aturden a los vecinos con trocillos de zarzuela, tales como los Marineritos, el dúo de La verbena o las seguidillas del Certamen.
Restan 50, 40 de las cuales tocan algo, al pertinaz tejemaneje merced al cual se logra leer una mazurca de Chopin, un nocturno de Schumann, un minueto de Thomé. De matices…, nada; no advertiréis el menor nuance que dicen los franceses. Donde el autor, merced a una habilísima inspiración, dejó un sollozo, un grito, un gemido, los amanerados dedos de la que toca algo, hunden dos o tres teclas blancas y ya está.
Pero nos quedan aún las diez últimas: ¿serán artistas? ¿Sabrán dar a la música ese colorido sin el cual se convierte en el más fastidioso de los ruidos? Supongamos que sí. Ya es tiempo de suponerlo.
Tendremos entonces, en un lapso de ocho años, en la República, diez artistas. ¿Se quiere saber lo que han costado, supuestos los anteriores cálculos?
Veintisiete millones de pesos, cada una, poco más o menos.
Entre esas diez no habrá, empero, sino por rarísima casualidad, una gran pianista…
Y ahora, a tocar, señoritas. 
Este texto se encuentra publicado en Obras completas, México, Aguilar, 1991.
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