Amor propio vs ideales imposibles: vergüenza del cuerpo y complejos que persisten

Escrito por el 12 agosto, 2019

“El únco ideal corporal debería ser que en la sociedad se celebre la diversidad que caracteriza lo humano”, dijo la psicóloga Jessica Zelasco,Experiencias de la vida cotidiana y luchas íntimas contra los modelos dominantes (e irreales).

Estrías, puntos negros, rollos, arrugas, pelos, cicatrices, várices, patas de gallo, manchas del sol, papada, gordura, canas. La construcción de los enemigos dentro del propio cuerpo es inoculada firme, pero persistentemente, en tapas de revistas y publicidades. Nuestro oponente es el paso del tiempo, son las calorías, es el posparto y el cuerpo que nos deja. Nuestro objeto de odio somos ¿nosotras? Para pensar.

Comenzamos a rechazar el cuerpo tempranamente en la vida si no se ajusta a lo que deberíamos ser, medir o pesar, luego nos fastidiamos por los cambios que le acontecen, a pesar de que sabemos que nada en la naturaleza permanece igual, salvo bajo los efectos de una glaciación o un freezer a lo Walt Disney.

«Hay muchos mitos que se le atribuyen a la medicina, uno de ellos es que la obesidad es una enfermedad, cuando en realidad es un factor de riesgo», comenta la licenciada en psicología Jessica Zelasco, integrante del Servicio de niñas, niños y adolescentes del Hospital Nacional en Red especializado en Salud Mental y Adicciones, activista gorda y participante del taller «Hacer la Vista Gorda».

«Sostenemos un imperativo de vida saludable (fomentado desde los medios) que nos obliga a cuidarnos, a ejercitarnos para alcanzar una imagen digna de ser vista, elogiada, apreciada, una imagen competitiva en el mercado. Los individuos viven a régimen, para alcanzar el modelo de normalidad que es imposible de encarnar. En ese circuito queda por fuera la subjetividad», agrega Zelasco.

Espejito espejito
En el patio del recreo, una niña le ofrece a su compañerita un alfajor de chocolate y obtiene como respuesta: «No puedo comer eso, engorda». Sí, hay nenas que hacen dieta en la primaria y no porque estén obesas, sino porque se quieren ver «lindas y flacas». ¿Cuántas adolescentes se meten al mar con short y remera de mangas porque tienen vergüenza de mostrar su cuerpo? No, a los varones no les sucede. El bullying a «la gorda del aula» es infaltable en los colegios; por la calle, el mismo insulto se repite, reproduciendo a viva voz eso que está en el imaginario colectivo: que si no sos deseable (flaca) no valés, sos indigna y blanco de humillaciones.

Las apps que simulan cirugías estéticas para niñas -disponibles en las tiendas de apps- fueron denunciadas hace algunos años usando los hashtags #CirugiaNoEsUnJuego. ¿Podría alguien creer inocentemente que esto no forma en las niñas un criterio de auto percepción que daña la imagen personal y la autoestima?

«Existen patologías relacionadas a este ideal que circula: los adolescentes y púberes consultan por vergüenzas y complejos con su cuerpo que denuncian este ideal estético hegemónico. Vemos que muchas veces se restringen o auto marginan de espacios de disfrute y aprendizaje para no mostrarse con un cuerpo que es descalificado socialmente. No salen de su casa, no quieren ir a la playa, no logran socializar con pares, comen mal, etc. La angustia no sería tanto un problema,, ya que de ahí podemos construir una pregunta, más preocupante es cuando vienen con síntomas, como los llamados «trastornos de alimentación», la bulimia y la anorexia, ya que en este caso los ideales sociales ya han calado hondo en la subjetividad de esa persona», dice.

«Se suma a esto la virtualidad, las redes sociales y los medios que colaboran con la naturalización y asimilación del dispositivo de normalización de las corporalidades. Sabemos que en la adolescencia suceden crisis con muchas cosas, sobre todo con la sexualidad y el cuerpo. No sólo vemos las inhibiciones, a veces al contrario, salen al mundo a utilizar sus cuerpos como mercancías, involucrándose en relaciones promiscuas o desafectivizadas.»

 
Humor, amor y terapia
La llamada»deconstrucción feminista» no sólo alcanza a los varones. Nos alcanza a nosotras, nos mete de lleno en la tarea de navegar en nuestro propio corazón en busca de heridas, espinas y usurpaciones a la dignidad. La deconstrucción también nos lleva a sacar la mirada de afuera, de lo ideal, de lo virtual y estereotipado de revista, para volverla hacia nuestra subjetividad y hacia nuestros deseos.

Muchas ilustradoras y fotógrafas están poniendo en palabras y dibujos esa escena íntima de la auto percepción y sus transformaciones y tomas de consciencia:
«El abordaje que propone el psicoanálisis es rescatar la subjetividad y diferenciar el ideal de lo posible, la realidad», explica Jessica Zelasco. «No sólo aceptar la falla, sino poder visualizar que la riqueza se encuentra en las diferencias. No deja de ser una moda el cuerpo flaco y esbelto, y los adolescentes son propensos a identificarse con lo que se usa. En otro momento era deseable ser rellenita, por ejemplo. El deseo está atravesado también por los paradigmas hegemónicos del patriarcado y debemos, por un lado, identificar cuándo estamos siendo disciplinados, y por otro, aprender a reconocer lo singular de cada sujeto, sin dejar de ver los privilegios de los que gozan los cuerpos hegemónicos. Tampoco podemos conformarnos con la autocomplacencia y la aceptación del uno mismo y del cuerpo, sino intentar cambiar algo en la sociedad para que no se impongan modelos tan opresores de los cuales es muy dificil correrse.»


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